A semanas de su muerte, el estilista más querido y con más proyección internacional que ha tenido el Perú, aún deja un vacío hondo en los corazones de sus amigos de la farándula limeña, sus colegas y trabajadores, sus fieles clientes y todas aquellas personas que alguna vez soñamos con que un artista, de su calidad, posara sus manos sobre nuestras cabezas.Se fue, en un conflicto pasional y de dinero, en los arrebatos que produce los alucinógenos, en las concesiones a los que creemos nuestros amigos, en todo lo que tenemos y que luego nos ofrece al sendero oscuro sin merecerlo.
Pero no hay que pensar que fue un mal adagio, creamos que Dios recoge a sus hijos predilectos, o que ya no soportaba la espera de poder hacerse un nuevo peinado. ¿Porque no pensarlo así?, si por cada mano que movía las tijeras, había un brazo ayudando a un desfavorido, que por otra mano sacudiendo un peine, había otro brazo ofreciendo cariño. Así era Marco Antonio, infatigable, proactivo, lleno de un espíritu de felicidad contagiosa.
Pero no hay que pensar que fue un mal adagio, creamos que Dios recoge a sus hijos predilectos, o que ya no soportaba la espera de poder hacerse un nuevo peinado. ¿Porque no pensarlo así?, si por cada mano que movía las tijeras, había un brazo ayudando a un desfavorido, que por otra mano sacudiendo un peine, había otro brazo ofreciendo cariño. Así era Marco Antonio, infatigable, proactivo, lleno de un espíritu de felicidad contagiosa.
Tan igual como se van los genios, Marco Antonio lanzaría una fr
ase premonitoria, una odiosa concatenación de palabras que debimos dar más importancia. Acabando su programa matutino, diría: “No hay belleza mañana”. Y cuánta razón tuvo.
¿Dónde está la belleza pues?, si Lima está más gris que nunca, cuando la monotonía y el pesar de un país que convulsiona cambios, ya no tiene quien la ponga bonito, quién la vista de princesa.
Tú que nos dejas, no saldrás de nuestra memoria tan rápido, quién sabe si dure tanto como el dolor que nos embarga tu partida, lo cierto es que cuando nuevamente podamos ver los colores en esta triste ciudad y cuando Lima ya no esté tan gris, cada cosa bella nos recordará tu nombre.
Descanse en paz Marco Antonio.



